La rutina de comienzo del día es una de las claves a cuidar y exprimir al máximo. Tomarla a la ligera es un error enorme. De hecho muchos de los días que “se tuercen” lo hacen por elección personal. Lo que haces y también lo que no haces.

En más de una ocasión he escrito en estas páginas la importancia de tener claro lo que NO hay que hacer. Sobre todo en ciertos momentos, como el inicio del día.

Es ahí donde uno empieza a construir un día productivo o improductivo. Tratar esa primera hora u hora y media como el resto, es un error; pues es donde mejor y más puedes hacer.

Realmente el problema no es sólo no aprovechar a tope el comienzo del día. Sino “maltratarlo” con tareas y actividades menores. O directamente tareas basura. Cosas que deberían estar confinadas a otros momentos. Es cierto que en ocasiones uno no puede elegir con qué se empieza. Pero eso, a veces.

Elegir mal tareas y actividades al comienzo es como salir sexta posición en una carrera. Luego cuesta remontar.

Uno de los más sencillos pero poderosos beneficios que te da la planificación del día antes, es la capacidad de saber por dónde empezar mañana. Cabría pensar que eso ya es suficiente, pues excluye otras cosas. Pero a la hora de elegir mal, casi nadie está a salvo y es fácil desviarse. Por eso es importantísimo tener las cosas claras y saber responder a esto: «¿qué es lo que nunca haré en el arranque del día?»

Cuando descubrí que el arranque del día era uno de los secretos de mi productividad, me prometí a mí mismo que nunca más empezaría el día de cualquier manera. Lo estudié a fondo, saqué mis virtudes y debilidades, analicé mi trabajo y las condiciones en que lo haría. No me pareció exagerado. En juego estaba y está empezar a tope (no es una expresión hecha) todos los días de mi vida profesional. No es ninguna coña.

Entre las cosas que hice dentro de ese proyecto “empieza el día como nunca”, fue identificar las cosas que nunca haría nada más empezar. Hoy, años después, me alegro de seguir cumpliéndolo. En mi caso personal, no me cabe duda que es una de las claves de que cada día trabaje bien.

  • 1. No abro el Email
    El Email es una herramienta importante para mí, pero es sólo eso, una herramienta. Antepongo tareas y actividades de más importancia y resultados. Lo abro por la mañana, pronto, pero nunca a primera hora. Eso me permite hacer las dos primeras tareas totalmente enchufado y a la vez no perderme cosas.
  • 2. No leo periódicos ni blogs
    Mantenerme informado (lo suficiente, no abuso) es parte de mi trabajo, y también de mi naturaleza inquieta. Es algo que hago todos los días sin excepción, pero nunca al empezar el día, sólo en ciertos momentos que tengo fijos: al final de la mañana o del día, o bien en algún rincón del día.
  • 3. No dejo que teléfono “hable”
    Una de las ventajas de empezar a trabajar muy pronto es que todo el mundo duerme: no hay llamadas, no hay mensajes… De todos modos, yo me aseguro de ignorarlo, silenciándolo y poniéndolo boca abajo (realmente está silenciado desde la noche anterior, ya que entra en modo “no molestar”).
  • 4. No abro el navegador
    Como todo el mundo a veces quiero mirar algo en alguna página “sólo un minuto”. Es facilísimo caer en la navegación inconsciente y lo que inicialmente iba a ser un inofensivo minuto, luego se expande hasta devorar el sagrado arranque del día. (Si para la primera tarea del día necesito información de Internet, la suelo recopilar el día anterior.)
  • 5. No hago tareas medianas ni pequeñas
    Al comienzo del día yo estoy mejor. Mentalmente más fresco y con más capacidad de trabajo. No sería muy inteligente por mi parte derrochar esa capacidad en cosas menores que bien puedo hacer en otro momento del día. No. Ese momento está reservado para ciertas tareas. Otras están prohíbidas para mí.
  • 6. No me dejo atrapar por los detalles
    Cuando empiezas a trabajar en una tarea y tu mente está en marcha, también trabaja en paralelo: surgen ideas, recordatorios, pequeños detalles que rodean a toda tu actividad. Es facilísimo dejarse llevar por ellos y perder una concentración y ritmo de trabajo que son oro para mí. Lo que hago es aislarlos. Bien anotándolos para luego, o bien ignorándolos.
  • 7. No tengo reuniones
    Cuando no me queda otro remedio que asistir a una reunión, intento por todos los medios hacerla a partir de las 11:00. O incluso más tarde si puedo. Ciertas reuniones son importantes (la mayoría no), pero eso no significa que tengan que robarme el arranque de mi día.
  • (bonus) 8. No planifico el trabajo del día
    La planificación del trabajo de hoy es algo que siempre hago el día anterior. Si empiezo a trabajar, y los primeros 10-15 minutos los invierto en prepararme para trabajar, no estaría aprovechando al máximo la oportunidad que el día y mi mente me dan.

Una de las cosas más grandes que me ha dado la Productividad Personal es compensar mis naturales limitaciones. Para ciertas cosas soy regular o incluso malo. Pero tras descubrir ciertos gestos, hábitos y rutinas, como el de potenciar el inicio del día, he logrado reinventarme en muchos aspectos.

¿Sabes el problema? Que mucha gente desprecia estas cosas porque no son llamativas. Es más atractivo instalar una aplicación.

— Berto Pena

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