Una vez más salta a la palestra el tema. Y el tema no es otro que el de los artistas, y en ellos hay espacio para: Diseñadores gráficos, pintores, músicos, escritores, etcétera. El problema es el de siempre, cobrar o no cobrar a tiempo o pagarles como si se les diera una limosnainfravalorando su trabajo.

El arte no es una mera diversión. Detrás de una profesión que desde fuera se puede ver como lúdica o con un cierto halo de romanticismo, existen personas que trabajan duro, que le echan horas. El esfuerzo intelectual es igual de válido que cualquiera. Pero a la hora de pagar, muchos trabajadores del gremio, asisten espantados a comentarios surrealistas y a esperas interminables cuando deben cobrar lo pactado.

Veamos, cuando una persona acude a un despacho de abogados tiene un objetivo, que su problema se resuelva. En esas circunstancias no hay espacio para la crítica, los comentarios del tipo “esto también lo puedo hacer yo”. Sería ofensivo hacia el profesional y al gremio en general.

Sin embargo, cuando un profesional del diseño gráfico, un pintor, un redactor, pasa un presupuesto por un logotipo, un encargo de cualquier tipo, tiene que soportar perlas variadas:

  • Pero si esto lo haces tú en un momento, no puede ser ni tan difícil ni tan caro.
  • ¿Me podrías pintar un cuadro? Pero no me cobres mucho…

Si hace unos años, cualquier trabajo en este sector, ya era tomado de manera menos seria que en cualquier otro ramo, es ahora, con los presupuestos ajustados al límite, cuando se pretende que ciertos servicios sean regalados.

La denuncia por parte de estos trabajadores resulta obvia: ellos también han de pagar sus facturas, invierten tiempo, esfuerzo, y unos conocimientos que otros no poseen. Es una cuestión de respeto por su trabajo y su dedicación.

El problema radica en que existe una delgada línea roja entre la profesionalidad y la afición. Son muchas las personas que se creen capaces de pintar un cuadro, de crear una página web o de diseñar un logotipo. Sin haber estudiado, sin contar con una preparación mínima que luego repercuta en la calidad del trabajo final.

Por esta razón, cada día son más los trabajadores del arte, los que reivindican su espacio, las horas invertidas en la creación de un encargo, la técnica, y sobre todo que se tenga en consideración su profesionalidad, su profesión.

Un artículo escrito por Joana Sanchez

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