John Kao, una de las mayores autoridades mundiales en creatividad empresarial, afirmaba en una entrevista a WOBI que “todo el mundo es creativo. Todos tenemos la capacidad de producir ideas nuevas y pienso que algunas compañías actúan inteligentemente cuando tienen culturas que estimulan a la gente y aceptan las ideas nuevas”. Para Kao, las técnicas específicas que se utilizan para la generación de esas ideas son extremadamente importantes.

La mayoría de los empleados serían más felices si la automatización, la urgencia y la necesidad de acabar sus tareas dejasen paso a las novedades que pueden surgir cuando se les deja ser autónomos e innovadores. Un buen líder debería aspirar a fomentar la creatividad de aquellos que trabajan con él y ellos deberían ser capaces de reconocer qué desencadena sus impulsos creativos y cómo trabajarlos.

Pasión y aprendizaje permanentes

Una de las empresas internacionales más admiradas es el Circo del Sol, una fábrica de sueños y magia con un entramado empresarial muy potente detrás. Lyn Heward, su ex directora creativa, considera que no hay mejor forma de estimular a los empleados que invertir en ellos y en su pasión por el proyecto, porque no hay nada que venda más que un trabajador loco por aquello que hace.

La pasión no sólo se impulsa al inicio sino que debe seguir alimentándose. Para Daniel Lamarre, presidente y CEO del Circo del Sol, lo esencial es mantener la locura del circo en el ambiente empresarial (incluso teniendo a un payaso en la oficina), porque “no se puede crear un show en una sala de juntas”.

Otra compañía también conocida por su derroche creativo, la productora de cine Pixar, invierte en la enseñanza de sus empleados dentro de lo que llaman Universidad Pixar. Allí un iluminador puede asistir a clases de egiptología o un animador puede aprender a estructurar una historia. De esa forma, los trabajadores aumentan sus capacidades y forman personalidades más completas además de insaciablemente curiosas.

Mente sana

La creatividad también se fomenta físicamente. Estanislao Bachrach, profesor de biotecnología y experto en creatividad, llama siempre la atención en sus charlas sobre las necesidades corporales que exige el trabajo. Saber administrar nuestra energía a lo largo del día y dedicar nuestros momentos más frescos a las tareas que más exigen ayuda a conseguir una mayor funcionalidad y mejores resultados.

Muchos grandes creativos, desde el director de cine David Lynch al fundador de Apple, Steve Jobs, ensalzaron las virtudes de la meditación como forma de desconectar y recargar las pilas. Bachrach también explica las ventajas que tiene parar durante un minuto y hacer tres respiraciones profundas ante las encrucijadas. La pausa tiene una razón lógica: la entrada de más oxígeno permite que se “enciendan” más neuronas y se multiplique su eficiencia.

Trabajo constante

Decía Picasso que la inspiración existe pero que tiene que encontrarle a uno trabajando. Y esa es una reflexión obvia: la creatividad no aparece por ciencia infusa, sino que, además de ser alimentada, tiene que ponerse en práctica.

Roger Martin, decano de la Rotman School of Management desde 1998 a 2013, defiende que es necesaria una gran voluntad para querer salirse del camino previamente establecido y lograr provocar a la mente para que busque nuevas formas de hacer las cosas. Requiere mucha disciplina intentar ser diferente de forma continuada.

Un artículo publicado en Puro Marketing

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