Parece que en muchos ámbitos se empieza a detectar un cierto hartazgo del mito del emprendedor, de su glorificación como grandes visionarios que han logrado generar empresas que dan miles de millones de beneficios y generan empleo. Pero lo cierto es que la realidad muchas veces es tozuda y se empeña en recordarnos que los que realmente tiran del carro en el empleo, en la economía del país son el 98% de las empresas de este país que son micropymes y autónomos.

Pero parece que va a quedar mal en tu “tarjeta de visita” decir que eres autónomo o que tienes una pequeña empresa o negocio. Puede parecer que tu “única aspiración es poder llegar a fin de mes con un salario digno”, mantener a tus clientes y poder vivir de tu trabajo o tu negocio durante muchos años. Estos son realmente los motores de la economía.

Pero realmente parece que eres un “pardillo”, por decirlo de una forma suave, si eres un autónomo. Estás esclavizado por tu trabajo, tu teléfono suena a todas horas y puede que encima estés trabajando “gratis” para un cliente que luego decide no pagarte y al que sabes que va a ser muy complicado que puedas llegar a cobrar tu deuda.

Quizás por eso la figura del emprendedor suena un poco mejor. Tiene ese glamour de empezar tu negocio en un garaje, de buscar un negocio disruptivo que crezca como la espuma en expectativas aunque nunca haya logrado dar beneficios reales. Estar en el punto de mira de grandes empresas y acabar comprado con suerte para integrarte en una compañía mayor.

Hasta “freelance” tiene una connotación algo más positiva. Algo del tipo “yo voy por libre y trabajo cuando quiero” aunque la realidad luego sea otra y su trabajo como profesional puede tener los mismos inconvenientes que los del autónomo en horarios, descansos o la necesidad de atender a muchas más cosas que las propias de nuestra cualificación como profesionales, como impuestos, facturas, cobros, relaciones públicas, marketing, etc.

No todos los autónomos son emprendedores. Muchos de ellos sólo aspiran a vivir un poco mejor de lo que lo hacen en estos momentos, se conformarían con trabajar sólo ocho horas al día o tener un mes de vacaciones, a que sus clientes les paguen. Claro que todo el mundo quiere que su empresa crezca y genere más beneficios, pero no todos tienen el modelo de negocio para conseguirlo o se encuentra en un sector maduro donde es más complicado innovar.

Un artículo escrito por Carlos Roberto

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