La mente contiene varios recipientes con distintos tipos de información. Y en uno de esos recipientes es donde almacenamos esa necesidad de reciprocidad y de agradecimiento que sentimos cuando alguien nos ayuda.

Siempre nos han enseñado que mientras más desinteresadamente ayudemos a los demás, mejor nos deberíamos sentir y mayores recompensas obtendremos.

En realidad no creo que exista algo así como una colaboración desinteresada. En cada acción siempre existe un interés de cada una de las partes, aunque en muchos casos ese interés sea difícil de identificar a simple vista.

Parece loco creer que el egoísmo, en cierta medida, es algo necesario y natural. Un poco de egoísmo está presente en cada interacción que tenemos. Pero no hay que malinterpretar esto, muchas veces el interés que buscamos es simplemente sentirnos mejor.

Así que, en lugar de seguir creyendo que pensar en nosotros mismos (a través de un poco de egoísmo) es algo malo, deberíamos evaluarlo desde un punto de vista objetivo.

Si, mediante algo que yo haga, genero 0.5 de beneficio para alguien más y 0.5 de beneficio para mí, alguien podrá decir que soy egoísta, porque le podría haber generado 1 a la otra persona. Ese es el problema, que la gente cree que una acción desinteresada es cuando mi contraparte recibe todo y yo no recibo nada. El asunto es que solo pensamos en las consecuencias de primer orden, solo pensamos en las implicaciones a corto plazo. Pero para evaluar objetivamente hay que ver la ecuación completa, teniendo en cuenta consecuencias de segundo y tercer orden, pensando también en el largo plazo.

Mirando el ejemplo solo bajo la óptica de las consecuencias de primer orden, se ve como algo egoísta: yo me quedé con 0.5 de beneficio, cuando pude haber entregado todo para que mi contraparte se quedara con 1.Pero evaluemos las posibles consecuencias de segundo y de tercer orden: al  quedarme con 0.5 del beneficio, puede que yo tenga las herramientas y el conocimiento para aumentar ese beneficio y ese 0.5 se convierta en 1, 2,4 o 10. Luego de haberlo hecho crecer, puedo repartirlo entre más personas y generar más valor del que inicialmente hubiera generado.

Ese es el asunto con pensar solo en consecuencias de primer orden, de corto plazo: El panorama está incompleto, hacemos una evaluación miope de las situaciones, y juzgamos rápidamente sin ser conscientes de que hay algo más allá, de que hay consecuencias de segundo y de tercer orden, de que hay mucho valor potencial que podemos estar desaprovechando.

Ahora el egoísmo no suena tan malo. Todo puede tomar una forma diferente dependiendo del punto de vista desde el cual lo estamos juzgando.

Si lo aprendemos a utilizar,  el egoísmo puede generar beneficio. Tómate la libertad de ser egoísta. Tómate la libertad de pelear y estar en desacuerdo con pensar solo en consecuencias de primer orden. A veces, la forma de encontrar valor oculto y el verdadero sentido de las cosas, es ser “egoísta”. Tal vez esta sea la única forma de pensar en el largo plazo, que es donde, eventualmente, ocurre la magia y se manifiesta el verdadero valor de las cosas.

Un artículo escrito en The New Generation

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