¿Hacer caso al refrán de “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” te cuesta horrores? Si eres el rey o la reina de la procrastinación, tenemos algunos trucos que pueden ayudarte a desencajarte del sofá y llevar a cabo todas las tareas pendientes.

¿Tenías que preparar oposiciones toda la tarde y terminaste yéndote de cañas? ¿Las deadlines de tu proyecto caducaron y tú seguías sin entregarlo por estar enganchado al Facebook horas y horas? ¿Planeaste ir al gimnasio, hacer recados y avanzar en tu formación online pero los vídeos de gatitos y los memes de Twitter te arrastraron al sedentarismo? En tal caso, es posible que seas un procrastinador nato, y que por lo tanto, tu nivel de productividad esté bajo cero.

Con el verbo procrastinar definimos la acción de postergar o dejar para más adelante todo aquello que tenemos pendiente, desde hacer la colada a ir al dentista, matricularnos en un curso, comenzar a llevar una dieta sana, aprender un idioma o limpiar la casa, entre una lista infinita de tareas. Si quieres dejar de perder el tiempo y resolver tus cosas de una vez por todas, te damos una serie de pequeños trucos para dejar de procrastinar.  

Para tener éxito precisas dos ingredientes fundamentales: fuerza de voluntad y disciplina, aliñadas con un chorrito de motivación. ¡Deja de vaguear y sigue leyendo este artículo!

Claves para dejar de procrastinar

  • Haz una lista: Esta puede ser diaria, semanal, mensual o como mejor te convenga. Con ella, te obligarás a no salirte del listado para realizar ninguna actividad no relacionada. Puedes ir tachando tus logros con tics para que tu satisfacción mantenga tu motivación elevada y te mantenga alejado de las distracciones que se multiplican a tu alrededor. Puedes hacerla a mano o mediante una app tecnológica.
  • Descompón las tareas en otras más pequeñas: Igual que cuando eras pequeño te cortaban el filete en trocitos para que masticarlo y tragarlo fuese más sencillo, desglosar tus quehaceres en partes más sencillas te ayudará a mantenerte encaminado. Por ejemplo, desglosa las tareas del hogar -planchar, fregar, ordenar el armario- y divide el tema que debes estudiar en epígrafes.
  • Mens sana in corpore sano: Como ya se decía en la cultura grecolatina, debes hallar un equilibrio perfecto para salud de tu mente y tu cuerpo. Por tanto, no esperes a estar cansado, hambriento o deshidratado. Para abandonar el sedentarismo y la procrastinación es preciso dormir al menos 7-8 horas, hacer ejercicio con regularidad, beber la suficiente agua y tener una dieta rica y completa. Si antes de ponerte con tus tareas sigues cansado, es preferible echarte una pequeña siesta a arrastrarte como un zombie el resto de la tarde.
  • Plazos específicos e inamovibles: ¡Los necesitas! Si te permites dilatar y postergar tus objetivos pendientes, tus prioridades se diluirán y volverás a condenar tu productividad al ostracismo. Por tanto, ten un gran calendario a mano y gestiona tu tiempo adecuadamente para llegar con holgura a las fechas y tiempos adecuados. Te recomendamos la regla del 80/20.
  • Comparte tus metas y expectativas en voz alta: Cuantas más personas sepan tus planes y objetivos, más te obligarás a ti mismo a salir del sofá y subir peldaños. No importa lo que sea: dejar de fumar, empezar a hacer running o a preparar un examen; coméntaselo a tu familia, amistades o seres queridos para apuntalar tu fuerza de voluntad.
  • Temporizador o cronómetro, grandes aliados: Especialmente cuando estás incorporando nuevos hábitos productivos y quieres completar tus tareas pendientes, es altamente recomendable que pongas un tiempo para trabajar sin distracciones y a continuación, unos cuantos minutos de descanso. Puedes saber más sobre la técnica Pomodoro pinchando aquí.
  • El tiempo libre se convertirá en tu regalo: Acostúmbrate a madrugar -o a encontrar la franja del día en la que eres más productivo– y a premiarte por el trabajo bien hecho dejando tiempo para tus actividades favoritas.
  • El estrés, primero: Para ser más productivo, es recomendable priorizar y dedicar tiempo primero a las tareas más estresantes, complejas, desagradables o que requieren más concentración. El alivio de consumarlas te estimulará para hacer los trabajos más pequeños y menos cansados a continuación.
  • No te castigues: Adoptar una actitud excesivamente punitiva contigo mismo no te traerá nada bueno. Realiza pequeños descansos, aumenta el nivel de exigencia o presión de forma paulatina y si te sientes desbordado, dedica unos minutos a relajarte y vuelve a empezar.

Escrito por Andrea Núñez-Torrón Stock

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