A menudo no somos conscientes de lo que nuestro cuerpo y nuestro gestos son capaces de transmitir sin que mediemos palabra alguna. Hay muchas situaciones que reflejan esta realidad: en las reuniones de trabajo, por ejemplo, siempre hay quien se sitúa al fondo y trata de ocupar el mínimo espacio, mientras que otros prefieren las posiciones más adelantadas y se extienden sobre la mesa, apoyando codos o manos o inclinándose hacia adelante.

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