A todos nos gustaría desarrollar más el músculo de la creatividad y presumir de ser auténticos “musculitos” creativos. Sin embargo, lastrada por malos hábitos que llenan de herrumbre lo que debería ser un músculo excepcionalmente flexible, la creatividad que mora en nuestras entrañas renquea y está muy lejos del alcanzar todo su potencial (que es mucho).

Malos hábitos capaces de hacer puré (y lisiar) la creatividad hay muchos, pero estos que disecciona a continuación Inc. son probablemente los más comunes y peligrosos:

1. Evaluar y crear al mismo tiempo
La creatividad tiene que ver con la imaginación, con pensar en cosas que son a priori imposibles. Por eso, ser creativo implica inevitablemente alumbrar ideas totalmente descabelladas que probablemente no verán nunca la luz. Aun así, las ideas imposibles y huérfanas todo sentido de la cordura son un “must” para ayudar a las ideas buenas (y posibles) a emerger a la superficie. Cuando estamos en pleno proceso de creación y queremos que éste sea 100% productivo, no podemos permitirnos el lujo de desechar y vetar ideas imposibles. Esas ideas imposibles son el caldo de cultivo de las ideas grandes (y posibles).

2. Investigar demasiado
Cuando estamos dando forma a un nuevo producto o servicio, es terriblemente tentador ponernos a investigar como posesos lo que se ha hecho antes para crear nuestra propia versión de una idea que ya han utilizado otros con anterioridad. Y aunque obviamente no hay que reinventar siempre la rueda, un exceso de investigación puede medrar la creatividad del proyecto que tenemos entre manos y convertirlo en una mera adición de lo que ya conocemos. En las primeras fases de creación debemos intentar minimizar la investigación y maximizar la ingenuidad para evitar que la creatividad vea cortada sus alas antes de emprender de verdad el vuelo.

3. Creer (en exceso) en la “teoría de la bombilla”
Muchos terminamos convenciéndonos a nosotros mismos de que las grandes ideas echan raíces en momentos instantáneos de brillantez. Sin embargo, lo cierto es que la realidad es otra. La creatividad aflora en la mayor parte de los casos después de pasar mucho tiempo trabajando de manera consistente y casi sin pausa. Si no hemos ejercitado antes del músculo de la creatividad en el “gimnasio”, difícilmente se producirá el milagro de alumbrar, de la nada, una gran idea.

4. Creer que la creatividad es un don con el que están bendecidos sólo unos pocos
La creatividad no es definitivamente el privilegio de unos pocos. Cualquiera, absolutamente cualquiera, está en posición de ser creativo. La clave, según la ciencia, está en saber sacar punta a nuestra habilidad para combinar ideas aparentemente opuestas, para ver posibilidades en lo imposible y para hacer analogías entre cosas que no tienen a priori nada que ver las unas con las otras.

5. Generar ideas sin saber cómo venderlas
No hay que subestimar, como hace lamentablemente mucha gente, la importancia de convencer a los demás sobre las bondades de nuestras propias ideas. Las ideas creativas están habitualmente enemistadas con el status quo y por eso tienen que vérselas a menudo con toneladas y toneladas de escepticismo. Razón de más para incrementar nuestras dotes de persuasión a fin de dar a nuestras ideas el empujón final que están buscando.

Un artículo publicado en Marketing Directo

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