Este artículo me ha salido del alma y verás que es un poco diferente a lo que has leído hasta ahora.

No sabía si publicarlo…

Lo he tenido en borrador una rato y al final he pensado: “¡Qué tontería Laura, si has escrito lo que has escrito entonces te tiene que dar igual lo que piensen los demás. Tienes que ser coherente con lo que predicas en este texto.”

Así que aquí lo tienes. Seré breve:

Hace años, cuando entré en el mundo laboral trabajando como administrativa en oficinas por cuenta ajena me sentía incómoda.

Veía a los altos cargos con traje y corbata y sus secretarias con el pelo y maquillaje impecables y no me sentía identificada con ese mundo.

Yo no quería ser otra empleada más que finge ser quien no es para que no le miren como a un bicho raro, cohibida para ser correcta y “modosita”.

Y al final lo fui durante un tiempo.

Fui otra administrativa más, que no daba su opinión y que estaba totalmente alienada y era sumisa al/los jefe/s porque hacía y decía lo que le mandaban (aunque le pareciera mal).

Toda la vida he sentido que tenía que complacer a demasiada gente y hacer las cosas de la manera que todos lo hacen por “el qué dirán”.

Ser correcta, hablar bien y comportarme como una adulta profesional como si tuviera un palo “en el culito” (copio esta expresión de una de mis alumnas del Training Gratuito de Imperio Freelance por decir la expresión en su forma más sutil).

Me da igual lo que piensen

Últimamente, he recibido críticas por mi manera de expresarme en mi blog, porque a veces soy un poco “mal hablada”.

Digo “mierda”, “curro” y otra serie de expresiones coloquiales que se usan comúnmente en mi entorno.

Me han dicho que viniendo de una mujer profesional suena muy mal.

Bueno, no me lo han dicho tan educadamente, hay gente que de verdad se siente ofendida con mis “tacos” y me han escrito cosas más ofensivas a mi para dejármelo claro.

Y ¿sabes lo que te digo? ME DA IGUAL.

Creo que ser como soy y hablar como hablo no me resta profesionalidad ni credibilidad.

Estoy feliz de tener la libertad de expresarme como quiero sin miedo al rechazo porque este es mi blog, es mi casa, es mi negocio y puedo ser como soy.

Ya no me importa ni me afecta porque soy dueña de mi vida y mi negocio.

Y por suerte, hay personas que se sienten identificadas conmigo y hasta me han dado la enhorabuena por no ser correcta y mostrarme transparente con mi forma de ser.

¿Por qué? Porque la gente está harta de tratar con profesionales de traje y corbata con quienes no se sienten nada identificados y hay una distancia enorme entre ellos.

El buen feeling con el cliente es clave

Ahora yo ya no tengo que fingir ni intentar aparentar ser alguien que no soy.

Si a alguien no le gusto pues entonces que le ayude otro profesional con quien se sienta más identificado o más cómodo.

No tengo que rendir cuentas a nadie. Solo a mis clientes y a mis alumnos que, si han elegido trabajar conmigo, es porque son personas naturales como yo.

Yo quiero trabajar con profesionales y freelances que se sienten a gusto conmigo (y yo con ellos), con mi forma de ver el mundo del emprendimiento y mis valores personales.

Y creo que si, de vez en cuando, suelto algún taco no se van a ofender porque probablemente ellos también los suelten.

De hecho, para mi el feeling es fundamental a la hora de decidir si me implico o no en el proyecto y negocio de otra persona.

Si no veo buen rollo en una primera reunión virtual para conocernos, probablemente será un factor importante a la hora de decidir si me involucro o no.

Si tienes un negocio tienes que encontrar tu tono para comunicarte en tu web/blog/email y definir a tu cliente ideal como alguien con quien te gustaría trabajar y pueda empatizar contigo y con tu forma de ser.

Así que habrá mucha gente que se quede fuera de tu rango de actuación.

La cosa es así: o te amarán o te odiarán. Si se quedan indiferentes es que no estás siendo tú mismo y probablemente estás fingiendo ser alguien que no eres.

Otro profesional más hecho con el mismo molde.

¿Miedo escénico o miedo al rechazo?

Hace un año cuando empecé a transformar mi negocio y potenciar mi blog y visibilidad online me daba miedo exponerme a las críticas de los demás.

Si me hacían una entrevista me ponía nerviosa al pensar en lo que pensarían de mi los que me escuchasen si metía la pata o si se me notaba la voz temblorosa por los nervios.

He pasado ya esa fase, y de golpe se me ha quitado prácticamente el miedo escénico.

Creo que no era miedo a hablar en público lo que tenía, sino miedo al rechazo.

Cuando interiorizas que no puedes gustar a todo el mundo, entonces te quitas un peso de encima muy muy grande.

Cuando empiezas a ser tú mismo en tu negocio y te quitas máscaras y caretas (como la de aparentar ser un estudio o una agencia cuando en realidad eres tú solito), es cuando empiezas a trabajar con gente que de verdad merece la pena y conecta contigo.

Gracias a este negocio he conocido a gente fantástica este año de transformación: tengo nuevos colegas y clientes que se han convertido en amigos y he conocido a nuevos amigos que finalmente se han convertido en alumnos y en clientes.

Para mi ya casi no existe el límite entre mi vida profesional y personal, y me encanta poder ser yo misma.

¿TE SIENTES TÚ MISMO EN TU NEGOCIO? ¿QUÉ ES LO QUE TE FRENA A COMPORTARTE COMO ERES REALMENTE?

Me encantaría conocer tu opinión en los comentarios.

Un artículo escrito por Laura Lopez

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