Constantemente subestimamos nuestra influencia. No sugerimos ideas a nuestro jefe ni les pedimos ayuda a los compañeros de trabajo porque tememos el rechazo.

De este modo, lo que hacemos es perder oportunidades porque dudamos de nuestro propio poder de persuasión. Sin embargo, nuestros jefes y compañeros son probablemente más receptivos a las solicitudes de lo que nos damos cuenta.

No nos damos cuenta de que suele ser más difícil para las personas, incluso los jefes, decir no, que sí.

La próxima vez que tengas una solicitud o una aportación que realizar, recuerda que eres más persuasivo de lo que piensas y tan solo has de ser directo, ya que las personas respondemos más positivamente a las solicitudes directas.

Si no se consigue a la primera no tengas inconveniente en volver a intentarlo de nuevo, que hayan dicho que no en otro momento no quiere decir que no se pueda decir si más adelante.

En Pymes y Autónomos

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