Mi tío es electricista. Es uno de esos autónomos que no son “cool”, que no se pueden cambiar el nombre y llamarse freelances, emprendedores, aunque realmente lo sea. Pertenece a ese colectivo de autónomos que llevan años trabajándose a los clientes, creándose una reputación, que ahora se conoce como marca personal.

Mi tío no publica sus trabajos por Twitter, no tiene un Facebook donde invita a eventos a sus clientes o un Instagram donde se hace “selfies”. Y sin embargo si preguntan a cualquiera que lo conozca inmediatamente lo reconocen como el gran profesional que es. Su marca personal, este reconocimiento se lo ha ganado a base de compromiso con sus clientes.

La marca personal de los uñas negras

Pero claro, es uno de esos autónomos que una vez una agencia de publicidad con la que trabajé llamó como “autónomos de uñas negras”, de estos que no tienen glamour, que sudan en su trabajo o que no utilizan un ordenador cada día. Recuerdo que cuando definieron así a estos profesionales me indigné. Me pareció ofensivo e irrespetuoso, aunque he de reconocer que la imagen gráfica es muy potente. Quizás porque yo también soy uno de ellos, aunque tenga buena relación con la tecnología y pase tiempo en una oficina con aire acondicionado.

Esos autónomos que no diferencian un Mac de Windows, que el móvil es para llamar o como mucho para enviar WhatsApp y poco más. Que cuando llegan a casa lo que quieren es pasar tiempo con la familia, ir con los amigos a tomarse una cerveza en lugar de ponerse a contar su vida y milagros en las redes sociales.

La red social es de personas, no se envía una cerveza por Facebook, me queda para tomarla juntos y compartir experiencias

Tal vez porque para ellos la red social tiene más que ver con las personas que con los perfiles. Su red social es el grupo de amigos con el que queda para tomarse algo, para jugar al fútbol o hacer una escapada el fin de semana. Pero también sus clientes que han quedado satisfechos con un trabajo bien hecho.

Trabajar la marca personal sin redes sociales, pero con la gente

La marca personal del autónomo es lograr ser reconocido como una persona profesional y experta en su sector. Esto permite que nuestro negocio sea mejor valorado y se consigue atraer a más clientes. Normalmente el énfasis se pone en las redes sociales, pero durante años ellos lo han puesto en las personas que les recomendaban a otros.

El networking no era otra cosa que estar con otros profesionales similares a pie de obra compartiendo el trabajo en un proyecto. Colaborando sin pisarse la manguera. Sabiendo que hoy tengo un cliente que además de mis servicios necesitará de otros, que se pueden recomendar y viceversa. Colaborar significa beneficio mutuo.

La palabra dada es un compromiso en firme

Y la tarjeta de visita con un apretón de manos sigue siendo su carta de presentación en lugar de un vídeo de Youtube. No tienen miedo al trato personal, de hecho saben que muchas veces en una breve reunión con el cliente ahorra muchas llamadas y miles de mensajes para acercar posturas.

Todo esto no significa que haya que dejar de trabajar la marca personal en redes sociales. Simplemente que no todos los profesionales tienen que hacerlo de la misma manera. En un mundo tan competitivo como el actual es imprescindible, pero quizás no sea Internet la única forma de lograrlo.

Un artículo escrito por Carlos Roberto

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