Una de las cuestiones sobre las que existe más debate en la reforma del RETA es la libertad de cotización. Los autónomos tienen la libertad para elegir su cuota de cotización, donde la gran mayoría opta por la base mínima de 919,80 euros, independientemente de si sus ingresos no llegan a los 9.907,80 euros del salario mínimo como los que ganan más de 60.000 euros anuales.

Son dos situaciones extremas pero lo cierto es que no parece lógico que ambos tengan las mismas obligaciones. En el saco del RETA caben todo tipo de trabajadores por cuenta propia, aquellos que llegan justos a final de mes y aquellos que tienen grandes ingresos. Y aquí hablamos de rendimientos netos, no de facturación.

La realidad es que hay que tener en cuenta que un autónomo puede cobrar menos del SMI pagando la cuota de autónomos, pero si se regula que tiene alguna exención, o una cuota superreducida, superar este umbral del SMI. Sobre todo sería una solución para esos autónomos que realizan trabajos de forma esporádica o a media jornada.

Hasta ahora muchos de ellos se benefician de la tarifa plana, pero es algo pensado para impulsar a autónomos que van a iniciar su negocio, no para que se prolongue en el tiempo. El caso es que hay más de 300.000 que no llegan a esa cifra del SMI y pagan como los demás.

Por no hablar de todos aquellos que están en la economía sumergida, simplemente por que pagar la cuota de autónomos que se comería una gran parte de sus ingresos. Si gano 400 euros mensuales, pero tengo que pagar 275 lo más probable es que nunca me de de alta. El criterio de habitualidad al que muchos se acogen tienen muchas lagunas.

Muchos no quieren perder su libertad de cotización. Como autónomo se asume una serie de riesgos, por lo que esa libertad para cotizar por la base mínima es una solución para tener liquidez en muchos momentos del año. Este sería el caso del autónomo empresario. Luego está el que podríamos llamar autónomo trabajador, que llega justo a final de mes y para el que pagar menos también supondrá mejorar su liquidez.

Lo cierto es que es necesario alcanzar algún tipo de consenso, aunque parece francamente difícil. El colectivo se encuentra dividido entre ambos extremos. Habría que añadir además a los autónomos en pluriactividad, que muchas veces pagan lo mismo, pero dos veces, una vez como asalariados, les descuentan su porcentaje y el de la empresa, y luego como autónomos.

Un artículo escrito por Carlos Roberto

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