Ninguna de las tres, expone Daniel Goleman en Focus, un libro que gira alrededor de cómo se comporta nuestro cerebro y las formas en que la falta de entrenamiento acaba nuestra capacidad de atención, de concentración, y que termina revelándose en pérdida de tiempo absolutamente valiosa para nuestra vida en general.

Por medio de un raudal de infomación científica, analogías literarias y la revisión a todo tipo de textos, Goleman hace una disección de todo lo relacionado a la operatividad de nuestro cerebro en cuanto a la atención, la capacidad de enfocarnos.

Sostiene el autor que al ir más allá de “orientar”, en el cómo recopilamos deliberadamente información y “atención selectiva”, en la que nos concentramos en resolver un problema en particular, la conciencia abierta libera al cerebro para realizar las “asociaciones fortuitas” que conducen a nuevos conocimientos. Tanto los artistas como los inventores parecen extraordinariamente expertos en este sueño tan productivo.

La atención

Tendemos a pensar en la atención como un interruptor que está encendido o apagado, estamos enfocados o estamos distraídos. Esa es una percepción errónea. La atención, como explica Goleman, viene en muchas variedades. Sus formas extremas tienden a ser las más limitantes. Cuando estamos demasiado atentos, somos víctimas de la visión de túnel. La mente se estrecha. Cuando la atención está ausente, perdemos el control de nuestros pensamientos. Nos convertimos en cerebros dispersos. La conciencia abierta se encuentra en un área particularmente fértil entre los polos. Nos da acceso a lo que Nathaniel Hawthorne, en uno de sus cuadernos, describió como “ese agradable estado de ánimo mental donde la alegría y la meditación se entremezclan”.

Goleman argumenta que todas las formas de atención surgen de la interacción entre dos partes del cerebro muy diferentes. El cerebro más antiguo, más bajo, que trabaja en gran parte fuera de la conciencia, monitorea constantemente las señales que vienen de los sentidos. Actuando como un sistema de advertencia, nos alerta sobre cambios en nuestro entorno, dolores en nuestro cuerpo, recuerdos de eventos preocupantes. Tal atención “de abajo hacia arriba”, como lo llaman los neurocientíficos, es impulsiva, incontrolada y a menudo es manejada por el miedo y otras emociones. Las alertas que transmiten desde el cerebro inferior son tan viscerales que, cuando aparecen en la mente consciente, son difíciles de resistir.

Trabajar para controlar todos esos impulsos primitivos es la la labor de la neocorteza, la capa externa desarrollada más recientemente por el cerebro. La fuente de atención voluntaria o “de arriba hacia abajo”, el circuito de control ejecutivo de la neocorteza es lo que nos permite eliminar las distracciones y enfocar nuestra mente en una sola tarea o tren de pensamiento. Sin él, tendríamos la capacidad de atención de una ardilla. “El cableado descendente”, escribe Goleman, “agrega talentos como la autoconciencia y la reflexión, la deliberación y la planificación al repertorio de nuestra mente”. A medida que avanzamos el día, la dirección y firmeza de nuestra mirada mental están formadas por el “continuo bailar “entre los sistemas de atención descendentes y ascendentes.

La atención, por lo tanto, no es solo un producto de la función cerebral. También está influenciado por la cultura y, en particular, por las tecnologías que utilizamos para navegar y darle sentido al mundo.

El libro de Goleman aparece en un momento de creciente ansiedad sobre lo que él llama “el empobrecimiento de la atención”. Nuestros teléfonos inteligentes y otros dispositivos en red nos permiten conectarnos con un suministro interminable de mensajes y alertas. Algunos de estos son importantes, otros son triviales, pero todos ellos exigen atención.

El “zumbido neuronal” resultante puede abrumar fácilmente nuestra capacidad de controlar nuestra capacidad de atención, de enfoque. Nos convertimos en prisioneros de nuestros circuitos de atención de ascendentes. Así las cosas, Goleman sostiene que lo que parece estar más en riesgo es nuestra capacidad de experimentar una conciencia abierta. Siempre una forma rara y esquiva de pensar, parece ser cada vez más escasa y más elusiva.

Distractores externos

La vida moderna que gira en torno de motores de búsqueda celebra la recopilación de información y la resolución de problemas, formas de pensar asociadas con la orientación y el enfoque selectivo, pero tiene poca paciencia para las fantasías de la mente.

Dejar que los pensamientos vaguen parece frívolo, un desperdicio de la capacidad mental práctica. Peor aún, nuestro enamoramiento con las redes sociales hace que sea más difícil escuchar los susurros de la mente. La soledad ha pasado de moda. Incluso cuando estamos solos, raramente estamos a solas con nuestros pensamientos, es una de las conclusiones que se pueden adelantar del texto propuesto por Goleman.

Goleman cita al economista Herbert Simon sobre la oleada de datos que nos llega: “una gran cantidad de información crea una pobreza de atención”, predicción hecha en 1977.

Formado como psicólogo, Goleman conoce bien el cerebro. Sus primeros trabajos sobre inteligencia emocional popularizaron la idea de que ser inteligente implica algo más que hacer el examen del Déficit de Atención.

La premisa de Goleman es que nuestra capacidad de bloquear la masa de distracciones digitales se ve disminuida por el “agotamiento cognitivo” que causan. Sin formas para enfocarnos, no podemos evitar distraernos, es así de sencillo.

La falta de atención, cuando sus pensamientos siempre están deambulando, es potencialmente “la mayor pérdida de atención en el lugar de trabajo”, dice Goleman. Desarrollar su opuesto, el cada vez más popular rasgo de la atención plena, capacitando al cerebro para que preste completa atención al momento actual es crucial. La atención plena nos permite concentrarnos en lo que es importante y no distraernos con el ruido que nos rodea.

Enfoque

Los procesos neuronales involuntario hacen que la mente se desvíe y, en particular, que se distraiga con estímulos visuales. Para contrarrestar este hábito, debemos aplicar el enfoque intencional de “arriba hacia abajo” o descendente, que “ofrece a la mente una palanca para manejar nuestro cerebro”. Esta batalla entre los procesos superiores e inferiores es importante porque nuestra capacidad para aplicar toda la atención – “bloqueo neuronal” – es un gran activo mental.

Los estudiantes de alto rendimiento, escribe Goleman, dominan tres tipos de enfoque: interno, otro y externo, que él llama “triple enfoque”. El enfoque “interno” describe la autoconciencia; “Otro” se relaciona con la empatía; y el foco “externo” se refiere a la conciencia de nuestro entorno.

Pero no se desespere si no puede imaginar cómo romper su compulsión de revisar los correos electrónicos cada dos minutos.

El enfoque, sostiene Goleman, puede desarrollarse: “Piense en la atención como un músculo mental que podemos fortalecer mediante un entrenamiento”.

Para desarrollar un mayor control cognitivo, podemos ejercitar nuestras mentes a través de métodos como la “concentración de un solo punto”, incluida la meditación.

La “práctica inteligente”, como lo llama Goleman, también debe incluir descanso y positivismo. Pensar positivamente estimula la apertura a nuevas ideas y objetivos.

Liderazgo

Para los líderes empresariales, la necesidad de atención plena es particularmente aguda, dice el escritor: “El liderazgo mismo depende de capturar y dirigir la atención colectiva”. Esto implica centrarse en los desarrollos fuera de la organización, así como atraer y dirigir la atención de las personas en el interior y fuera de la organización.

En la ilustración, Goleman contrasta el éxito del último presidente ejecutivo de Apple, Steve Jobs, con el liderazgo de BlackBerry, su rival en dificultades. A su regreso a Apple en 1997, Jobs racionalizó su estrategia para enfocarse solo en cuatro productos, cada uno diseñado para mercados específicos. Esto, escribe Goleman, dependía de una atención vigilante a lo que los consumidores buscaban para trazar el rumbo de Apple. Por el contrario, BlackBerry no respondió lo suficientemente temprano a la era del iPhone y su dominación del mercado de teléfonos corporativos se derrumbó.

Goleman, sin embargo, cuestiona el propósito de lograr un enfoque verdadero sin objetivos dignos que se extiendan más allá de nuestros fines personales.

En “Focus”, Goleman analiza el proceso a través del cual cada uno de nosotros “sintoniza”, ya sean emociones, ideas o sistemas complejos. El autor, además, tiene un interés de larga data en la meditación, y en este libro es capaz de combinar esa preocupación con nuevas investigaciones sobre inteligencia emocional, neuropsicología y aprendizaje. Ya sea solo o con otros, en ciertas formas de meditación aprende a controlar sus pensamientos, a encontrar el foco o a dejarlo ir. A través de la práctica de la meditación, usted se vuelve más capaz de dirigir su atención, y eso puede conducir a una mayor felicidad y conexión con los demás, sostiene el autor.

Goleman explica de forma concisa que los circuitos cerebrales por sí mismos no tienen la capacidad natural de mantenernos enfocados en sistemas complejos y problemas a largo plazo. Por eso, dice, la gente no quiere pensar en los efectos del cambio climático o la superpoblación. Pero ¿por qué decir “es nuestro cerebro” una mejor explicación que decir que las personas a menudo no piensan en el largo plazo porque eso hace que sea más difícil pensar en el corto plazo? La ansiedad sobre el castigo, escribe Goleman, “en realidad obstaculiza la corteza prefrontal de los niños mientras intenta concentrarse y aprender”, como si fuera la corteza y no el niño lo que intentara. ¿Por qué no decir que la ansiedad obstaculiza al niño? Remarca el autor sobre esta particular experiencia humana.

El libro aborda las relaciones entre el enfoque, la empatía, el aprendizaje y el liderazgo. Goleman escribe sobre la empatía cognitiva y emocional: Primero, ver las cosas desde la perspectiva de otra persona, y segundo como un sentimiento de compasión y apego por el otro.

Se asocian los aspectos intelectuales de la empatía con las partes altamente desarrolladas del cerebro, mientras que los aspectos emocionales están ligados al cerebro profundo y primitivo. Ya sea que esta localización de funciones nos ayude a entender el sentimiento de compañero o no, el punto principal de Goleman es crucial: “La empatía depende de un músculo de atención”. Ejercitar este músculo requiere autoconciencia: “Leemos a otras personas sintonizándonos con nosotros mismos”.

Por lo tanto, la autoconciencia ayuda a expandir nuestra capacidad de estar al tanto de las perspectivas, experiencias y sentimientos de los demás. Y aquí es donde Goleman describe técnicas que amplían nuestra comprensión de nosotros mismos y de los demás. El refuerzo positivo tiende a funcionar mejor que las advertencias de desastre. Por ejemplo, hay aplicaciones basadas en la web, como Handprinter, que hacen hincapié en lo que podemos hacer sobre el cambio climático, en lugar de simplemente recordarnos cuán calamitosa es la situación. En las escuelas, existen modos inteligentes de prácticas que aumentan la capacidad de aprendizaje de un niño, combinando la atención plena y el entrenamiento de inteligencia emocional con las materias académicas tradicionales. Aquí la neurociencia parece hacer que la herramienta más convincente. Goleman explica que los juegos diseñados para mejorar las habilidades de atención en los niños incrementan el andamiaje neural en formas mensurables que beneficiaron las habilidades emocionales y cognitivas.

El penúltimo capitulo del libro se titula “el líder bien enfocado” y nos dice que los líderes exitosos “manejan” su mundo interno y sus relaciones. Sostiene que “todos somos líderes de una forma u otra”.

Goleman nos proporciona, entre otros, un manifiesto en el que nos invita a apagar nuestros teléfonos inteligentes de vez en cuando. En resumen:

Hay tres áreas de enfoque

1) Interior (autogestión)

2) Alterna (empatía por los demás)

3) Exterior (conocimiento de patrones amplios y sistemas complejos)

Autorregulación “prácticas inteligentes”

No es el parloteo que nos rodea lo que es la distracción más potente, sino más bien el parloteo de nuestras propias mentes (nuestra propia conversación interior) que puede desviarnos del camino. La autoconciencia es la base de la autorregulación o la autogestión. Por lo tanto, aquellos que adoptan prácticas “Internas” inteligentes, meditación, preparación enfocada, recuperación, emociones positivas, mejores hábitos- esto sostendrá la grandeza mientras que otros no lo harán.

¿Qué estamos haciendo realmente cuando estamos atentos?

En esencia, estamos reentrenando nuestros hábitos de atención. Debemos ser cuidadosos del lugar donde se centra nuestra atención ya que nos aleja de lo que deberíamos estar haciendo (por ejemplo, terminar una tarea importante). Al aprender a reeducar nuestra atención, reescribimos (reconectamos) nuestro cerebro. Hacemos esto simplemente al darnos cuenta de que nuestra mente vagó y devolverlo a nuestro enfoque original de atención. Fortalecemos este circuito cada vez que repetimos este proceso (neuroplasticidad).

Las tres áreas del “otro” foco:

1) empatía cognitiva (entiendo cómo ves las cosas)

2) empatía emocional (lo siento contigo)

3) Preocupación empática (Quiero ayudar)

Desarrollando habilidades de “Triple foco”

Goleman plantea que una vida bien vivida exige que desarrollemos habilidades de “triple enfoque” prestando atención a nuestro enfoque “interno, externo y de otro tipo”. Saber cómo enfocarse en nuestros pensamientos y sentimientos internos, estar presente y empático con otras personas y prestar atención a los sistemas más amplios y las tendencias sociales son componentes esenciales del éxito en la actualidad.

Use la “práctica inteligente” para aumentar su enfoque

No es el gran número de horas que ingresa -la regla de Gladwell de 10.000 horas- sino la forma en que presta atención a su desempeño, absorbiendo rápidamente los comentarios específicos para corregir errores y aumentar aprendizaje. 10.000 horas en sí mismo es un mito. Lo que falta es la corrección del curso o la atención plena (prestar atención). El principio de observador también se aplica también en este caso donde un entrenador puede ayudarlo a ver más allá de sus puntos ciegos.

Advertencia: ¡Demasiado enfoque también puede ser perjudicial!

El enfoque total intencional es clave cuando estamos aprendiendo cosas nuevas, por ejemplo, un golfista que está mejorando su “swing”. Del mismo modo, hay ciertas áreas de nuestra vida en las que podríamos dejar en piloto automático (actividades habituales diarias) que libere espacio mental para el pensamiento creativo. Además, hay momentos en la vida en que nos sentimos sobrecargados y abrumados, en los que sería mejor disminuir nuestra carga de trabajo.

Una mente errante no siempre es algo malo

¿De dónde vendrían los avances creativos y las ideas inesperadas si no fuera por las proyecciones futuras, la autorreflexión, la lluvia de ideas innovadora y la reformulación de los recuerdos? Las mentes de las personas que deambulan a menudo son más capaces de establecer conexiones originales que nunca antes se habían hecho.

El antídoto que mejora la atención es combatir la fatiga

Es lo mismo que para el tipo de cansancio físico: Hay que descansar. Encuentre una actividad completamente diferente que le permita inmersión para realizar, como hacer ejercicio, hablar con un amigo de confianza o ver una película relajante. Seguramente logrará mejorar su concentración de forma efectiva, sostiene el Goleman.

Goleman concluye considerando cómo nuestro sesgo cognitivo hacia las preocupaciones actuales significa que “no tenemos el ancho de banda suficiente” para reconocer las amenazas existenciales, pero que con un adecuado entrenamiento nuestro enfoque crecerá para ser una herramienta de crecimiento efectiva.

Un artículo escrito por Carlos Ayala

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