¿Cuál es la probabilidad de que una pieza de las que fabricáis tenga un fallo? La respuesta, taxativa, fue que la probabilidad era exactamente de cero. Así, sin titubear.

Esta respuesta la ofreció un ingeniero que comentaba que los sistemas de control de calidad de su empresa eran tan detallados y seguidos minuciosamente que la posibilidad de que una pieza saliera al mercado defectuosa simplemente no se contemplaba. La probabilidad de que eso sucediese era la misma a que el sol saliera mañana por el norte.

Esta anécdota me inspiró tanto que la compartí rápidamente con el equipo del Instituto Pensamiento Positivo como un espejo en el que mirarnos.

Sé que no es lo mismo trabajar con piezas de maquinaria que con personas, donde las posibilidades de que aparezcan problemas inesperados son mucho más frecuentes e imprevisibles, pero aún así la anécdota nos inspiró para seguir definiendo y puliendo los procesos y los sistemas, para que podamos seguir ofreciendo un servicio al más alto nivel de calidad posible.

Algo que sabemos por nuestra experiencia es que cuándo los problemas graves aparecen raramente suelen ser consecuencia de hacer sólo una cosa mal. Rara vez es consecuencia de un solo despiste o de una sola omisión. Con frecuencia los problemas suelen aparecer como la suma de una concatenación de errores que no deberían haber ocurrido en primer lugar. Si no hubiera existido cada uno de los fallos de manera aislada, el problema final no hubiera acontecido, lo que nos lleva a pensar que si evitamos cada uno de los fallos, evitaremos el problema.

Hace poco hablaba con un amigo que me dijo algo obvio, pero frecuentemente obviado: La mejor manera de que una empresa gane dinero al final de año es no permitir que pierda dinero ninguna semana del año.

Si evitamos el fallo en lo pequeño, evitamos el problema en lo grande.

Para mi, la mejor manera de evitar problemas es hacer cada cosa como si la vida nos fuera en ello. Adoptar esta actitud ante las circunstancias del día a día es un seguro de vida que nos ayuda a prevenir problemas.

Si cada cosa que hago la hago de la mejor manera posible, es fácil que mi presencia plena me permita percatarme de asuntos que de otra manera -si estoy despistado o simplemente jugando a medias- se me pasarán por alto.

Hacer cada cosa como si la vida nos fuera en ello. Esto es algo que me inspira y que me permite entregarme por igual a dar una conferencia que a fregar un vaso. Si lavo un vaso, ofreceré mi 100% porque sé que el compromiso es un hábito. Y es un hábito que no puedo entrenar sólo cuando ofrezco una conferencia. Si quiero dar la conferencia al máximo nivel de entrega, entonces tengo que entrenar en cada pequeña acción de mi día a día, independientemente de si lavo la vajilla o de si imparto una conferencia.

En mi experiencia, la clave para evitar problemas es estar presente y comprometido en cada momento de la vida, y esto supone entregarnos en cada momento, rendirnos a la vida y fundirnos con ella en un compromiso de entrega sin condiciones

Y cuando hacemos esto, como por arte de magia, los problemas desaparecen porque resulta mucho más fácil prevenir los problemas que solucionarlos.

Sergio Fernández

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