Aunque lo habitual es estar dado de alta como autónomo para tener que facturar,  existen opciones para hacerlo sin habernos registrado como trabajadores por cuenta propia, en el RETA, pero con serios condicionantes.

Para poder facturar sin ser autónomo se tienen que cumplir dos requisitos: que la actividad afectada no la realicemos habitualmente y que nuestros ingresos sean de una cantidad menor al Salario Mínimo Interprofesional, actualmente establecido en 735,90 euros mensuales, 9.906,40 euros anuales. Hay que ser especialmente cautelosos con el concepto ‘habitualmente’ ya que no está explicado claramente. Pero podemos determinar que sólo estamos exentos de darnos de alta en el RETA si estas actividades son ocasionales. Es decir, que no son nuestro medio de vida, por lo que no podríamos facturar sin ser autónomos si todos los meses emitiésemos facturas.

Para facturar sin ser autónomo es indispensable estar registrado en el Censo de Empresarios, Profesionales y Retenedores de Hacienda, donde podrán controlar todos nuestros ingresos. Hay que rellenar el modelo 036 y además es necesario cumplir con las obligaciones fiscales que tiene cualquier autónomo. Es decir, presentar los trimestres, los resúmenes anuales y liquidar tanto el IVA como el IRPF. Hay que ser especialmente cuidadosos en este aspecto ya que si no cumplimos estas obligaciones podríamos enfrentarnos a multas bastante elevadas. Las mismas podrían tener un recargo hasta de un 20% en las cuotas mensuales.

La solución de facturar sin ser autónomo es una salida por la que han optado muchos trabajadores freelances, que tienen empleos poco estables y les resulta bastante complicado abonar la cuota de autónomos debido a sus ingresos poco elevados.

Hay que tener en cuenta que es obligatorio darse de alta aunque presentes pérdidas siempre y cuando la actividad sea habitual. En lo que hace referencia al IRPF sólo hay que emitirlo si damos servicio a una empresa, mientras que el IVA sí que deberíamos incluirlo en el caso de que emitamos una factura a un particular.

Otra manera de facturar es a través de las cooperativas de trabajo asociado, de las que hay que hacerse socio, por un precio medio de unos 90 euros. De este modo, el trabajo se factura a nombre de la cooperativa y no al nuestro. Sería la cooperativa la encargada de cobrar facturas y descontar impuestos y costes. En este caso, no sólo seríamos socios de esa cooperativa sino también trabajadores y estaríamos dados de alta en el Régimen General de la Seguridad Social con derecho a paro, baja de enfermedad y pensión de jubilación. Todo ello además, librándonos de papeleos y trámites burocráticos.

Sin embargo, no todo es de color de rosa. Desde hace unos meses, el  Ministerio de Empleo está persiguiendo a algunas cooperativas de trabajo asociado utilizadas para realizar facturas y evitar el pago de los gastos de autónomo, las llamadas “cooperativas de facturación”. Ya son varias las cooperativas que han cerrado por este motivo y muchos de los socios que facturaban con este método están recibiendo sanciones en las que se les exige el pago de las cotizaciones como autónomo no realizadas hasta el momento.

En enero, la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez aseguró que su departamento había dado de baja del Régimen General de la Seguridad Social a unos 6.000 trabajadores por realizar un trabajo autónomo, obligando a cerca de 3.000 de ellos, asociados a cooperativas de facturación, a darse de alta en el Régimen Especial del Trabajo Autónomo (RETA).

Un artículo escrito por David Olivares

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