Aunque algunas personas tienen la capacidad de mantener la calma cuando se enojan, a la mayoria de los mortales, lamentablemente, esto no nos ocurre.

Es muy difícil ser racional cuando se está enojado. De hecho, si el caso de que se tiene un problema con un compañero, la probabilidad de tomar buenas decisiones, sobre qué decir o qué hacer, bajo un estado emocional alterado, es prácticamente nula.

Lo más recomendable en este tipo de situaciones es, en lugar de saltar a la discusión de inmediato, tomarse algo de tiempo. Explicar a la otra persona la necesidad de pensar sobre el tema en cuestión antes de abordarlo.

Evidentemente, lo que hay que evitar, bajo toda circunstancia, es decirle que necesita calmarse, ya que estas palabras son mágicas para lograr que la otra persona se altere aún más, si cabe.

Si las situación empieza a resultar crítica, lo mejor es, simplemente, retirarse. Tomarse un respiro y cuando se sienta que, de nuevo, se puede abordar la situación y hacer una elección inteligente sobre cómo proceder, retomar la discusión.

Un artículo publicado en Pymes y Autónomos

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