Hace unos días una persona me preguntó a qué me dedicaba. Por resumir le respondí que escribía. Su reacción fue sorprendente. Hizo varias alusiones a los dolores de cabeza que debía representar “eso que hacía”. Sonreí, porque a mí me gusta lo que hago, escribir.

La profesionalidad comienza por poseer conocimientos, llevarlos a la práctica y para finalizar, que te resulte estimulante y no un castigo dedicarte a ello. Ese tipo de enamoramiento de tu profesión se trasmite al cliente, a un amigo o a alguien que esté pensando en dedicarse a ello.

Pruebas de que existe un idilio entre tu trabajo y tú

  1. No lo puedes evitar y cuando no estás trabajando, le cuentas a las personas más íntimas en qué nuevo proyecto estás inmerso. Hablas con pasión y entusiasmo. Pobrecitos…, pero ya te conocen y saben que es muy importante para ti.
  2. El despertador no es tu enemigo. Parece un virus.Los lunes y los despertadores forman parte de las conversaciones ese primer día de la semana.Las redes sociales hablan de la necesidad de tomar litros de café para “superar” ese día. Sin embargo, tú estás deseando retomar lo que dejaste aparcado el viernes.
  3. Tus compañeros te reciben con una sonrisa.Tanto en el trabajo como fuera, a todos nos ocurre lo mismo. Siempre hay una persona que nos alegra el día, o que nos saca una sonrisa. Nos gusta que forme parte del equipo y su presencia hace que la energía positiva, fluya.
  4. El tiempo vuela.Cuando nos sentimos bien en una situación, cuando miras el reloj parece que el día no tenga 24 horas. Las horas pasan tan rápido que te sorprende que sea hora de volver a casa.Definitivamente, tu trabajo te gusta.

¿Decir en voz alta que te gusta tu trabajo es ofensivo?

Sí. Sobre todo, con el contexto actual. Contratos precarios, sueldos bajos, inestabilidad, jefes que no están preparados para serlo, compañeros que no practican la empatía… Pero entre todas esas lamentables situaciones, existen profesionales que adoran su trabajo.

También tienen malos días. Y se agotan. Y tal vez, algún día hayan pensado en quedarse bajo las mantas en un día de invierno, pero la diferencia entre ellos y quienes, por desgracia acuden a un empleo que detestan, la ilusión les motiva a levantarse.

El amor no se fuerza. Algunos dicen que surge con el tiempo. Pero, lo ideal sería tratar de que al menos, nos guste nuestro trabajo. Que sintamos que lo que hacemos es importante para los demás. Que nuestro granito de arena es valioso. Todos saldrán ganando, y el primero tú.

Un artículo escrito por Joana Sanchez

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