El síndrome del impostor es un fenómeno psicológico (lamentablemente muy común) que impide a las personas internalizar sus propios logros por miedo a ser destapadas como un auténtico fraude a ojos de los demás.

Aunque el síndrome del impostor echa sus zarpas sobre profesionales de toda clase y condición, es particularmente común (a la vez que perverso) entre quienes se desenvuelven en la arena de la creatividad.

Hay creativos que están, de hecho, tan a merced del síndrome del impostor que llegan al extremo de sentirse incómodos arrogándose a sí mismos el calificativo de “creativos”.

¿Cómo se da entonces esquinazo al síndrome del impostor que se empeña en perseguir como una mala sombra a los creativos? Fast Company propone a continuación unas cuantas estrategias:

1. Sea egoísta. Permítase el lujo de zambullirse en la inspiración

Cuando sienta que sus fuerzas creativas flaquean, haga aquello que realmente necesita (ya sea dar un paseo, leer un viejo libro o asistir a una nueva clase). Y una vez se haya reencontrado con la inspiración, no deje que nada (absolutamente nada) se interponga en su camino. Los creativos en particular (y las personas en general) experimentan sentimientos de culpa y de remordimiento cuando se embarcan en actividades “innecesarias” o cuando invierten mucho tiempo en algo que no deja de ser puro placer. Sin embargo, lo innecesario y lo placentero son absolutamente vitales para dar alas a la creatividad, por lo que hay que acallar las críticas internas y arrojarse en los brazos de la indulgencia.

2. Persiga sus obsesiones

Un profesional de la creatividad debe adentrarse en todos aquellos caminos (a menudo sorprendentes) al que le lleva la curiosidad que corre a raudales por sus venas. La curiosidad (que mató al gato pero resucitó al creativo) puede traducirse en obsesiones de lo más variopintas que los profesionales de la creatividad deben no sólo perseguir sino también buscar de manera activa. Visitar museos, galerías de arte y ferias puede ser una estupenda manera de poner nombres y apellidos a nuevas obsesiones.

3. Ponga un poco de orden

Cuando ponemos orden en el plano puramente físico, obtenemos también mayores niveles de claridad mental, y con la mente despejada, estamos más predispuestos a alumbrar nuevas ideas. Por eso, cuando sintamos que nuestra inspiración está comenzando a acartonarse, una buena idea es limpiar y ordenar nuestra mesa de trabajo, apagar el ordenador y airear nuestras apergaminadas ideas en el exterior.

4. Alimente su creatividad más allá del trabajo

Es importante no permitir que la creatividad que hay alojada en nuestras entrañas no sea consumida única y exclusivamente por quehaceres profesionales. La creatividad es “juguetona” por naturaleza y le gusta jugar dentro y fuera del trabajo. Es más, la creatividad invertida en proyectos personales (y emprendidos al margen del trabajo) es un magnífico almacén de energía que nos puede venir de perlas cuando nos sintamos abrumados por los temidos bloqueos creativos.

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