Uno de los problemas que afrontan las empresas son los plazos de entrega. Muchas veces para lograr un contrato se dice a todo que sí con el cliente. Y luego llegan los problemas cuando alguien aparece por la puerta y dice aquello de esto lo quiero para antes de ayer. Aquí se juntan varias problemáticas para la empresa.

Empezando porque se para el trabajo que se está realizando otras tareas y se da prioridad absoluta a esta. Se trastoca toda la previsión, porque no se trata de hacer encajar unas horas, sino de posponer todo lo que teníamos en agenda para dedicarnos a la nueva tarea encomendada. Ganamos un cliente, pero seguramente otros tendrán retrasos.

Y después está la estimación de tiempo. Al cliente siempre le hemos vendido que somos mejores de lo que realmente somos. Si para realizar un trabajo se tardan tres días, lo más probable es que al cliente se le haya dicho que lo podemos tener en uno o dos días. No se trata de hacer un sobreesfuerzo, sino más bien de que no se han estimado correctamente las horas de trabajo que se necesitan.

Esto afecta también a la rentabilidad del proyecto. Si se han calculado 15 horas de dedicación y se emplean el doble, mal vamos. La cuestión es que como los salarios de los empleados son un coste fijo, en muchas empresas no se valoran las horas dedicadas a un trabajo para el cliente. Y si no lo hacemos nosotros tampoco lo hará el propio interesado.

Eso sí, los niveles de estrés cuando estas tareas para antes de ayer se convierten en habituales, no es raro que en ciertos casos algún empleado se de de baja por ansiedad o alguna afección similar. La salud laboral de los empleados se resiente. En muchos casos hacer horas extras se convierte en habitual, ya que de otra forma no se llega.

Y en empresas pequeñas una baja supone una catástrofe, porque perdemos un miembro importante de la empresa sobre el que recaen muchas de las tareas que tenían que salir adelante. La sobrecarga de trabajo se puede volver insoportable y hay que empezar a retrasar tareas, eso en el mejor de los casos.

Todo esto se puede evitar, pero en muchos casos se elude un enfrentamiento con el cliente o simplemente convencerlo de que se necesita algo más de tiempo para hacer bien aquello que nos está solicitando. Aquí lo del cliente siempre tiene razón acaba por ganar la partida.

Un artículo escrito por Carlos Roberto

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