La continua adaptación a las necesidades de un mercado en constante cambio es más que un deseo. Para muchas empresas, sobre todo para las que desarrollan servicios directamente orientados a cliente o tienen una orientación tecnológica, es casi una obligación.

Modificar nuestras metodologías de trabajo al ritmo del mercado es esencial si no queremos quedarnos atrás. Para ello, las metodologías ágiles son de gran ayuda. Ahora bien, no siempre es sencillo ponerse en marcha, especialmente si nuestra empresa tiene establecida una rutina de trabajo que poco o nada tiene que ver con la transformación digital que tanto asían muchas personas.

Vamos a intentar arrojar algo de luz con estos cinco consejos para poner en marcha Agile en nuestra empresa para intentar que no tengamos que utilizar bolígrafo y papel nunca más.

Establece tus necesidades

No todas las metodologías ágiles responden igual de bien a nuestras necesidades. Lo que bien sirve para una startup tecnológica puede no ser igualmente eficiente para una gestoría. Por eso, una vez que tenemos claro cuáles son las que mejor se adaptan a la realidad de nuestra empresa, debemos valorar si podemos empezar a aplicarlas.

Lo ideal es ir adaptándonos de manera paulatina con el fin de no perder dinámicas en uso que funcionan bien y, a la vez, poder aplicar mejoras en todos los procesos. Así, lo más seguro es seleccionar cuáles son los proyectos (vigentes o nuevos) sobre los que vamos a aplicar los cambios y qué metodología es la que implementaremos para estos casos.

Apuesta por el personal y la formación

La formación es fundamental, tanto para los jefes de la empresa como para el resto de miembros del equipo. Para ello, conviene que contrates personal que cuente con experiencia trabajando en entornos ágiles y formación en coaching.

De esta forma, el proceso de implementación será más seguro, con una reducción al máximo posible de errores y se completará manteniendo el control sobre todos los procedimientos, incluso sobre aquellos que a priori no queríamos haber tocado.

Empieza fragmentando

Selecciona proyectos donde puedas definir claramente el cliente final con quien puedas mantener un feedback fluido. Esto será esencial, ya que los comentarios y aportaciones del cliente final durante el proceso de creación del proyecto, modificándolo parcial o totalmente, son claves en las metodologías ágiles.

Fomenta el diálogo entre los miembros de tu empresa

Haz que el equipo de trabajo mantenga siempre un entorno de trabajo cooperante y abierto al diálogo, tanto para explicar los cambios que se van a producir como durante el proceso para modificar las rutinas de trabajo. Esto se consigue modificando las dinámicas, suprimiendo las estructuras waterfalloriginales, demasiado rígidas y verticales, apostando por dinámicas de trabajo más horizontales y cercanas.

Prueba nuevas herramientas

Di adiós a los diagramas de Gantt y a los informes de resultados a los que estabas acostumbrado. Existen una gran cantidad de software y herramientas de gestión que permitirán que el equipo de trabajo se adapte más fácilmente a los ritmos y flujos de las metodologías ágiles.

Marca un objetivo actual y flexible

Es muy importante que, a la hora de adaptar tu empresa a metodologías ágiles, tengas en cuenta dos factores: que el objetivo marcado al inicio puede no llegar a cumplirse nunca y que los márgenes de error en nuestro trabajo son ahora mucho más volubles (pero también más fácilmente solucionables).

Para que la transición sea más sencilla, conviene asignar plazos breves pero asumibles a las tareas y funciones actuales del equipo. No hablamos de marcar sprints o designar objetivos, tan solo se trata de adaptar plazos y tiempos de entrega más breves.

De esta forma, todas las personas involucradas se irán adaptando a la principal característica de la aplicación de las metodologías ágiles. Con este primer paso podremos valorar, además, si el equipo está capacitado para dar el salto o requiere más formación o tiempo antes de cambiar la metodología de trabajo.

Sal de la zona de confort y lánzate

Puede parecer que nunca es un buen momento para cambiar las dinámicas de trabajo de una empresa. Siempre encontrarás resistencias, por parte del personal, de proveedores o incluso en el cliente final. Pero si el proyecto tiene una orientación a cliente clara, el equipo está alineado con el proceso gracias al agile coach y los resultados van fluyendo en el día a día, verás que te resultará cada vez más difícil volver a las metodologías tradicionales.

Lo principal es que consigas que el equipo comience a trabajar lejos de su zona de confort. Si sacamos al personal de las áreas que ya domina, fuera del entorno y el equipo con los que está acostumbrado a trabajar cada día, e introducimos nuevas dinámicas ágiles y colaborativas, habremos conseguido lo más difícil: plantar la semilla de las nuevas metodologías.

Enhorabuena, ¡tu empresa ya ha dado el primer paso para ser ágil!

Un artículo escrito por Diego Lorenzana

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