La efectividad personal es el resultado de expresar una serie de hábitos. Sin embargo, la efectividad de dos personas con idénticos hábitos productivos puede ser muy diferente, dependiendo de otros factores como, por ejemplo, sus conocimientos, recursos y creencias.

Sin embargo, si preguntas a una persona cualquiera, elegida al azar, qué tres factores limitan más su efectividad personal, tienes una probabilidad muy alta, casi la certeza, de que su respuesta será otra y de que los tres pertenecerán a su «zona de preocupación», es decir, serán factores externos sobre los que la influencia real que se puede ejercer es mínima o incluso nula.

La realidad es bien distinta. Los tres factores que más limitan nuestra efectividad personal pertenecen todos a nuestra «zona de influencia», es decir, son tres factores internos que están 100% a nuestro alcance y que podemos cambiar si queremos.

Tener esto claro es importante, porque si eres capaz de actuar sobre estos tres factores, tu efectividad personal aumentará de manera considerable.

Conocimientos

Saber no ocupa lugar, pero lleva tiempo. Conocer un tema a fondo, el que sea, supone por lo general una inversión significativa por nuestra parte. Hay que buscar y localizar la información relevante, hay que procesarla y digerirla y, lo más importante, hay que aplicarla y practicarla hasta interiorizarla.

Sin embargo, en este entorno frenético en el que nos movemos, cada vez hay menos espacios de calidad para adquirir conocimientos. Curiosamente, cada vez más gente cree saber más de lo que realmente sabe.

Las redes sociales son un excelente difusor de información, pero toda esa información es únicamente útil para descubrir cosas nuevas. Conocer algo es distinto de saber sobre algo. Para pasar del «conocer» al «saber» hay que profundizar, normalmente mucho.

Por otra parte, decía el maestro Peter Drucker que «la efectividad no es innata, pero puede y debe aprenderse». Lo que significa esta frase de Drucker es que nadie nace con unos conocimientos ya adquiridos sobre efectividad.

Cuando trabajo con personas para mejorar su efectividad, muchas de ellas están convencidas de estar aplicando buenas prácticas que les ayudan a ser más efectivas. Esto es así en algunas ocasiones, pero la mayoría de las veces es todo lo contrario.

Otro elemento importante a tener en cuenta es la calidad de la información con la que se trabaja. Las redes sociales han popularizado el acceso a la información, pero a su vez han hecho que cada vez sea más difícil encontrar información de calidad y diferenciarla de la basura.

La falta de sentido crítico juega aquí un papel importante, ya que en su ausencia, cualquier información es susceptible de parecer tan buena o tan mala como cualquier otra, entrando en un peligroso juego en el que información y opinión se confunden, como si fueran lo mismo.

Por eso, en el campo concreto de la efectividad, es crítico asegurarse de que nuestros conocimientos se generan a partir de información basada en evidencias en lugar de hacerlo a partir de opiniones más o menos bien intencionadas, pero carentes del más mínimo fundamento.

Tu efectividad siempre va a estar limitada por tus conocimientos sobre el tema. Si ignoras por qué, para qué, cómo, cuándo, dónde o con qué tienes que hacer algo para que tu efectividad sea óptima, es casi imposible que lo sea.

Recursos

Dentro de esta costumbre de «buscar fuera en lugar de buscar dentro», son muchas las personas que se esfuerzan por encontrar herramientas o aplicaciones que les ayuden a mejorar su efectividad.

Aunque comprensible, esta búsqueda es inútil, ya que la efectividad de los profesionales del conocimiento depende mayoritariamente de hábitos. Es más, a menudo, el uso inadecuado de las herramientas es uno de los principales enemigos de la efectividad.

Existe por el contrario una gran pasividad ante la gestión de otros recursos propios, cuyo impacto en la mejora de la efectividad sí que es muy considerable.

El más importante de todos estos recursos propios es la energía mental, es decir, el estado de «frescura» mental necesario para abordar tareas que requieren atención enfocada y conllevan un esfuerzo intelectual sostenido.

La energía mental se puede aumentar mediante la adopción de hábitos sencillos relacionados con el descanso y la alimentación diarios, con la práctica regular de actividades físicas saludables y con la eliminación de diversos hábitos altamente improductivos, como son por ejemplo la adicción a la multitarea o a las notificaciones.

Una persona cuya energía mental es habitualmente más baja de lo que podría ser si tuviera los hábitos correctos, es una persona que siempre rinde por debajo de su potencial de efectividad. ¡Ah! Y la falta de energía mental no se puede compensar con ninguna aplicación o herramienta.

Otros recursos propios que presentan niveles subóptimos en la mayoría de los profesionales del conocimiento son:

  • La lectura rápida.
  • La comprensión hablada y leída.
  • La velocidad de escritura con el teclado de un ordenador.
  • El dominio de las herramientas infórmaticas de uso diario.

Obviamente, resulta mucho más sencillo «ir de excursión» en búsqueda de la aplicación o herramienta perfecta que invertir en sacar provecho de lo que ya se tiene al alcance.

Un profesional del conocimiento que lee despacio, entiende poco, escribe lento y no domina sus herramientas de trabajo diario, difícilmente podrá ser un profesional del conocimiento efectivo.

Creencias

Llegamos así al tercer factor limitante de la efectividad personal. Las creencias son otro de los principales enemigos de la efectividad, ya que imposibilitan la eficacia.

La eficacia tiene que ver con tomar las decisiones correctas sobre qué hacer y qué no hacer en cada momento.

Una de las características de las decisiones correctas es que incorporan información objetiva relevante. Cuando una decisión se basa únicamente en información subjetiva, nunca puede considerarse correcta, sino simplemente acertada en el mejor de los casos.

Una decisión acertada es la que conduce al resultado deseado aún siendo una decisión incorrecta. Por ejemplo, jugarte la hipoteca de tu casa al negro en la ruleta de un casino puede ser una decisión acertada (si ganas) o desacertada (si pierdes), pero en cualquiera de los dos casos jugarte tu patrimonio personal y familiar a la ruleta difícilmente podrá ser una decisión correcta.

Las creencias son suposiciones que se dan por ciertas, es decir, por objetivas. Cuando sistemáticamente se toman decisiones a partir de creencias, se elimina la posibilidad de que sean decisiones correctas y en el mejor de los casos serán decisiones acertadas, por lo que la eficacia, y por consiguiente la efectividad, siempre será menor de lo que podría ser.

Frente a las creencias, están las evidencias. La mejora de la efectividad pasa por decidir a partir de evidencias, dejando de lado las suposiciones.

Un profesional del conocimiento que no ejerce constantemente su sentido crítico y se «cree» todo lo que lee, ve, escucha o le dicen en lugar de validarlo, es un profesional con un serio obstáculo para tomar decisiones correctas, es decir, para ser eficaz y por consiguiente efectivo.

Conclusión

La efectividad es un camino que cada persona tiene que recorrer por sí misma. Todo lo necesario para recorrerlo está en nuestra zona de influencia y es ahí donde debemos poner toda nuestra atención y compromiso.

Ampliar constantemente nuestros conocimientos. Conocer, aplicar y desarrollar nuestros recursos propios. Aplicar el pensamiento crítico y buscar evidencias frente a suposiciones y creencias. Buenas prácticas sencillas y al alcance de cualquiera para que estos tres factores dejen de ser un freno y se conviertan en el motor de tu efectividad.

Un artículo escrito por Jose Miguel Bolivar

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