Uno de los clásicos de final de año es pedir deseos y hacer propósitos de enmienda. Se trata de analizar qué hemos hecho mal y tratar de cambiar de cara al año nuevo. Es como partir de cero, pero la realidad es que si de lo que se trata es de modificar nuestros hábitos no es nada sencillo. Por eso pasar del buen propósito al cambio de hábito no es nada sencillo. Para los autónomos muchas veces agobiados por el tiempo, distinguir entre lo urgente y lo importante es una cuestión prioritaria.

Porque en muchas ocasiones el día a día del autónomo es un no parar de agagar fuegos. No paramos de saltar de un cliente a otro que nos reclama con cuestiones muy urgentes para ellos, pero poco importantes por lo general, para ellos y mucho menos para nosotros. Y si queremos sacar partido a nuestro tiempo es imprescindible que para dejar lo que estamos haciendo y salir corriendo, además de urgente, la tarea debe ser importante.

Si se trata de algo urgente pero que no es importante, siempre se puede intentar delegar en otro. O acometer más tarde, sin interrumpir la tarea que estamos haciendo. Si se trata de una tarea que es importante, pero no urgente lo ideal es programarla en nuestro calendario. En estos casos es necesario realizar una revisión al final del día, puesto que si hemos pospuesto una tarea en varias ocasiones puede que llegado el momento, además de importante sea ya urgente.

Lo mismo ocurre con las tareas que no son ni urgentes ni importantes, que son las que suelen quedar en el cajón del olvido. Por eso es fundamental mantener la organización para que no se nos quede nada en el tintero y cuando vuelva a nosotros se haya convertido en una tarea crítica. Esta disciplina no es fácil de llevar, sobre todo si no somos lo que se dice organizados.

Además el problema es que en muchas ocasiones, esta diferencia entre lo urgente y lo importante implica decir al cliente que tiene que esperar. Y esto es algo que en muchos casos no estamos habituados a hacer, pero es necesario, tanto para poder ganar tiempo, como para mejorar el servicio a dicho cliente.

La cuestión es iniciar el cambio. Y para esto el año nuevo es una buena fecha. No podemos pensar que será fácil, pero tampoco abandonar, ya que si nos hemos planteado tomar una medida de este tipo es porque sabemos que no podemos continuar como hasta ahora. Lo que el cliente llama un momento, sabes que supone una mañana y que esto supone empezar a correr con aquello que ya teníamos planificado. Al final son jornadas que alargas sin saber muy bien por qué, pero también fines de semana que pierdes trabajando para recuperar lo que no pudiste hacer debido a las urgencias que al final no eran tan importantes.

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